Etnografía de Guerrero




RITUALES DE PETICIÓN Y AGRADECIMIENTO EN TRES PUEBLOS NAHUAS DE GUERERO: SAN JUAN TETELCINGO, COATLACO Y CHEPETLAN

Esmeralda Herrera

En las vísperas del día 16 abril de 2011, ritualistas del grupo nahua ubicado en la comunidad de Coatlaco, Guerrero, se reunieron después de cinco años de no hacerlo para solicitar a sus deidades la bendición de las semillas y la petición de lluvia necesaria para sus cultivos. Este es un ritual agrícola llevado acabo, año con año, por varios grupos indígenas en la Montaña de Guerrero: nahuas, mixtecos y me´phaa (tlapanecos) con relativas variantes. Ante la creciente migración y la falta de sucesores al cargo de Tlamahquetl (especialista ritual quien es un mediador entre el mundo sagrado y profano) los nahuas de Coatlaco dejaron de subir a la cumbre de los cerros. Sin embargo, ante la falta de lluvias, los principales del pueblo convocaron a una reunión en la cual se acordó recurrir a sus conocimientos ancestrales transmitidos por sus mitos de los cuales son portadores, afortunadamente, algunos de los abuelitos del pueblo.

Debido a que no tienen un oficiante ritual de la comunidad, pidieron el apoyo de Sr. Manuel Rivera de la localidad de Coachimalco, desde entonces hasta la fecha siguen subiendo a la cumbre de los cerros a pedir lluvia. Así las cosas, en el año 2007 compilamos varios mitos dentro de la línea sobre “Cosmovisión” del proyecto de Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio. Tratamos de representar en esta exhibición, un mito en particular, narrado por la señora Francisca Guzmán, quien es partera y curandera viuda del ultimo tlamáhquetl de la comunidad de Coatlaco. El mito de “San Marcos y los ángeles de la lluvia”, explica el origen de la ofrenda y el por qué de la petición de lluvias. Según el mito San Marcos estaba casado con María Nicolasa, ellos eran muy pobres y no podían tener hijos. En una ocasión, Marcos salió de su casa a juntar leña y se encontró dos huevos en un árbol de ahuehuete, pero por alguna razón no los tomó.

Al siguiente día regreso por ellos y se dio cuenta que los huevos ya no estaban. Sin embargo, observo a dos niños, niño y niña, jugando desnudos a la orilla del rio. Se acerco y les pregunto por los huevos, los niños respondieron que eran ellos, que para qué los quería. San Marcos no les creyó, pero como no tenia hijos, sin pensar en que era pobre, los vistió y les dio de comer tortilla. Cuando los niños ya estuvieron más grandes, les dijeron a sus padres que se tenían que ir, pero que antes Marcos les tenía que ayudar a ellos. Le pidieron fuera al mar a traer la lengua de la serpiente de siete cabezas para crear el chirrión que simboliza el rayo. Al totol (ave) del cerro, para que con su buche inflado se hiciera la tamborita (la música para la danza). El guajolote para la bendición del itacate (los alimentos. El humito que sale del cerro (la nube). Cuando San Marcos logro reunir todo esos elementos, sus hijos le explicaron que necesitaban todo eso para regar la milpa, pues si mojaban con bule sólo serviría para unos días, que gracias a todo lo que ellos le habían pedido de ahora en adelante habría agua para todos, en todo el mundo. Desde entonces hasta la fecha, los hijos de San Marcos, los humanos, tienen la encomienda de pedir el agua en la cumbre de los cerros. Después, San Marcos, María Nicolasa y los ángeles se fueron a vivir al “tehuiztlan panotlan”. Y todo aquel que cumple con su cargo se va con ellos. En el ritual las ramas de ahuehuete portadas en las cabezas de los ritualistas, representan el árbol donde San Marcos encontró los huevos.

   


Instituto Nacional de Antropología e Historia