Ofrendas en el Museo de Historia de Tlalpan
Esther Gallardo González
 

La Dirección General de Cultura y el Museo de la Delegación Tlalpan celebraron de una manera particular el Día de Muertos, con ofrendas de actores sociales diferentes de la demarcación; dos fueron las principales, una elaborada por integrantes del Consejo de Cronistas de Tlalpan que rindieron homenaje a José Guadalupe Posada, y otra por el Ing. Antonio Espinoza, un vecino del barrio obrero de La Fama que lleva más de tres décadas poniendo su ofrenda y que rinde honor a los obreros difuntos.

Participaron también con su ofrendas la Dirección General de Ecología y Desarrollo Sustentable de Tlalpan y escuelas como la Universidad del Valle de México, campus Tlalpan y Coyoacán, Instituto Escuela del Sur, Colegio Algari, Centro de Educación Personalizada (CEPE), Centro Integral de las Artes Culinarias (CIAC) y el grupo Danzoneros Kiosko Centro de Tlalpan.

El antropólogo Gerardo Mora Jiménez, integrante del Consejo de Cronistas de Tlalpan, indica que la ofrenda típica de Tlalpan debe contener diferentes elementos propios de la región de los pueblos del sur, entre ellos el cempasúchil que se cultiva aún en algunas pueblos del sur de la ciudad, la calavera hecha de chilacayote, las veladoras, el incienso, el petate, el agua y los alimentos preparados ex profeso.

Muchos de los visitantes se refirieron con gusto a su niñez y la forma en que portaban sus chilacayotes, que sus hermanos mayores o padres les confeccionaban; asimismo, recordaron cómo ponían una vela y salían a pedir “quinto a la calavera”.

Uno de los elementos con los que contaba la ofrenda de los cronistas fue un metate con granos de maíz y chiles, lo que representó un laborioso trabajo culinario para preparar los alimentos de la ofrenda, como los tamales, el atole, mole y un sinfín de platillos propios de la ocasión.

Con esta muestra, los cronistas trataron de dar a conocer la manera de realizar una ofrenda tradicional, no sin añadir un toque particular, como en este caso lo fueron resaltar el trabajo de los mismos cronistas y hablar sobre la elaboración de su libro, que aún no se pública por falta de recursos.

La ofrenda del Ing. Espinoza fue la más grande y mereció una mención especial, ya que se trataba de una iniciativa personal, la cual se ha reproducido de manera consecutiva por más de 30 años y ha revestido una importancia histórica particular porque está dedicada a los obreros fallecidos de La Fama, lugar donde él trabajó. Todo el día pudo observarse la afluencia de visitantes de los pueblos, barrios y colonias aledañas, y aun de otros lugares del país. La celebración se vio enriquecida con la participación de algunos cronistas que platicaron sobre diversos temas, como las flores en los pueblos del sur, relatos, leyendas y anécdotas alusivas al tema de la celebración de Día de Muertos.

Las ofrendas estuvieron abiertas a la concurrencia del público entre el 30 de octubre y el 4 de noviembre.