El conocimiento que perdura
Los eméritos de la DEAS
 
Beatriz Barba Ahuatzín*
Profesora emérita de la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH. Maestra y antropóloga mexicana, es conocida por su ejercicio profesional como arqueóloga, como docente en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), por la intensa labor de difusión y museología que desarrolló en el Museo Nacional de las Culturas y por sus investigaciones sobre las clases sociales y el pensamiento mágico.
 
Fue la primera mujer mexicana que obtuvo el título de arqueóloga. En 1955 obtuvo el grado de maestra en ciencias antropológicas con la tesis “Tlapacoya: un sitio preclásico de transición , tesis que fue premiada con cum laude por su enfoque novedoso al correlacionar los datos y restos arqueológicos en la reconstrucción y análisis de la vida social y religiosa de la comunidad estudiada.
 
En 1984 se graduó de doctora en ciencias antropológicas por la UNAM con la tesis “Ambiente social y mentalidad mágica en México, las bases del pensamiento mágico en el México precortesiano”
 
En sus 53 años de servicios al INAH la Dra. Beatriz Barba ha incursionado en múltiples campos y actividades de la antropología: excavaciones arqueológicas, antropología física, clasificación de cerámica, museografía, difusión cultural, estudios etnológicos, historia antigua y docencia.
 
Su producción académica es muy extensa: libros, coordinación de libros, artículos, ponencias, conferencias. Desde 1985, por su amplia labor docente, sus aportaciones a la investigación antropológica y a la divulgación de la cultura, fue distinguida con el nombramiento de Investigadora Nacional Nivel II por la SEP.
 
Entre otras distinciones ha recibido la Medalla Ignacio Altamirano (1991) de la SEP y la Presidencia de la República por sus 40 años ininterrumpidos de trabajo pedagógico. Recibió Medalla de Bronce de la Embajada de Checoslovaquia por la planeación científica y museológica de la Sala de Checoslovaquia en el Museo Nacional de las Culturas. También ha sido merecedora de los agradecimientos del gobierno japonés y del chino por su labor de acercamiento entre México y dichos países. La Secretaría de Educación Pública, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Museo Nacional de las Culturas le confirieron reconocimientos por la labor que desempeñó en este museo en tareas científicas, pedagógicas y de difusión cultural.
 
Realizó una intensa actividad sindical, junto con un grupo de colegas, para crear una delegación sindical propia que les permitiera plantear demandas específicas, así como el reconocimiento oficial del carácter académico de la investigación antropológica y, por lo tanto, la equiparación salarial y de prestaciones con los investigadores de otras instituciones como la UNAM y el IPN.
 
* Esta información fue tomada del libro Homenaje a la Dra. Beatriz Barba de Piña Chán, Ed. INAH, 1997. Para mayor información pagina de la Coordinación Nacional de Antropología del INAH.
 
Julio César Olive Negrete*
Nació en la ciudad de México el 15 de mayo de 1914. Se recibió de abogado en 1939 con la tesis: El derecho político y la lucha de clases, una investigación socio-jurídica acerca del surgimiento del Estado en la época histórica.
 
Entre 1949 y 1942, fue secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Secretaría del Trabajo y miembro del Consejo de la Federación de Trabajadores al Servicio del Estado.
 
Con otros dirigentes, encabezó, con éxito, la lucha en defensa del Estatuto Jurídico de los Trabajadores al Servicio de los Poderes de la Unión, cuando el Presidente Avila Camacho intentó derogarlo.
 
Participó en la creación del Partido Popular, organizado por Vicente Lombardo Toledano y Narciso Bassols, a pesar de que discrepaba de sus ideas sobre la Revolución Mexicana.
 
Ingresó a la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) para aprender lenguas y conocer los problemas indígenas; al principio curso materias de lingüística, pero en 1951 decidió estudiar arqueología, continuando después estudios de etnología. Se tituló en 1958 con la tesis: Estructura y dinámica de Mesoamérica, que mereció cum laude.
 
El Dr. Olivé ha desempeñado un papel muy importante en la creación de instituciones antropológicas en México. Fue director del Comité Editorial de la Revista Acta Antropológica. De gran trascendencia fue su labor con respecto al marco jurídico de la ENAH, su participación en la elaboración del reglamento de la Escuela fue fundamental para su consolidación en 1958. En 1959 junto con Beatriz Barba, Johanna Faulhaber, Jorge A. Vivo y Babro Dahlgren a través de la Asociación Mexicana de Antropólogos Profesionales. Lograron el reconocimiento de la profesión de antropólogo y sus distintas especialidades.
 
El Dr. Olivé tiene una extensa obra académica que abarca una diversidad de temas y problemas relacionados con la antropología, la historia, el derecho, el patrimonio cultural y los museos.
 
Su libro El INAH. Una Historia, publicado en tres tomos, constituye una obra fundamental para el conocimiento de la historia y el papel que el INAH ha jugado en la investigación protección y difusión del patrimonio cultural de México.
 
*La información fue tomada del libro Homenaje a Julio César Olivé Negrete, Ed. IIA-UNAM, INAH CONACULTA, México, 1991. Julio Cesar Olivé, obras escogidas, INAH México 2004 Para mayor información consultar la pagina de la Coordinación Nacional de Antropología del INAH.
 
Homenaje a Doris Heyden*
Alfredo López Austin
Hablar de Doris Heyden abre un amplio abanico de figuras entre las cuales destacan las de la amiga, la colega, la gentil compañera de trabajo, la maestra, la erudita, la mujer inteligente y la que ha luchado durante toda su vida para hacer realidad sus aspiraciones. Como algunos de los aquí presentes, he conocido estos distintos perfiles personales de Doris a lo largo de decenios; pero elijo ahora hablar de su inteligencia, y ello me lleva a evaluar su capacidad como investigadora, a la paciente y constante labor de reconstrucción de los valores simbólicos mesoamericanos.
 
Sería injusto, sin embargo, limitar el interés de Doris Heyden al campo de la expresión simbólica. Su enfoque es más amplio. Trata de penetrar en el sentido del enfrentamiento de las sociedades mesoamericanas a sus ambientes naturales. Ve en éstas una unidad histórica basada en la tradición común. Quiere descubrir la forma en que sus hombres integraban animales, plantas, meteoros, cuerpos celestes y accidentes geográficos en un complejo intelectual que les daba sentido y coherencia. Para el mesoamericano ninguna criatura se libraba del orden lógico universal, y Doris Heyden pretende penetrar en esa lógica. El símbolo mesoamericano, en tanto expresión del orden lógico universal, es el medio que Doris utiliza en su intento de comprensión.
 
Pueblos agricultores, los mesoamericanos privilegiaron los ciclos vegetativos como arquetipos del movimiento cósmico, y dieron a la flora -así como a las flores- un valor representativo que filtró todos los ámbitos de la existencia. Por ello, Doris persigue los símbolos floridos estudiando las representaciones de la palabra, en el tránsito de este al otro espacio-tiempo por la vía del psicotrópico; en las prácticas cortesanas; en el cielo y en las manchas del jaguar; en resumen, en todos los rincones del cosmos donde sea necesaria la expresión de lo precioso.
 
Pero hay otro símbolo que en los estudios de Doris compite con el arquetipismo del mundo vegetal y la flor. O tal vez, más que competir con él, lo incluye y lo explica. Es la imagen materna, como la representación del ciclo universal en el cual todo ha de nacer y morir y Doris Heyden busca las matrices simbólicas en el inframundo y en las cuevas. Encuentra que la imagen materna subsume el devenir de lo más preciado por el hombre, pues en el vientre, en la cueva o en el mundo de los muertos, las semillas del maíz, del Sol y del hombre entran en putrefacción para regenerarse y germinar. En el vientre materno se atan los ciclos. El nacimiento y la muerte se transforman así en los pasos de la perpetuidad. El amor y el terror se unen para crear lo sagrado. La cueva, el vientre y la Diosa Madre son el complejo simbólico que se expresa en la imagen, en la palabra y en el rito.
 
Doris Heyden busca en la imagen, en la palabra y en el rito las claves de las concepciones mesoamericanas. No se limita a una sola forma de expresión, pues sabe que en la investigación histórica la respuesta adecuada a cada pregunta se encuentra en la unión de las diferentes piezas del rompecabezas. Va a las fuentes documentales, en cuyo estudio ha demostrado su erudición al preparar una magna edición de la obra de Durán. Cuando el texto español de Sahagún le parece insuficiente, recurre al análisis literal del original en náhuatl para entender las referencias que los hombres del Posclásico hacían a la antigua ciudad de Teotihuacan. Va a la imagen de los códices, de los murales, de las esculturas, de las lápidas grabadas, de la cerámica y de las placas de pizarra. Va a la interpretación de los rituales que se perciben en los restos arqueológicos, en los registros documentales o en las descripciones de la etnografía. Reúne así las distintas fuentes para integrar su marco de comprensión.
 
En su trabajo, Doris Heyden da al mito, a la creencia y a la práctica religiosa el valor de la larga duración. A contracorriente, en una época en la cual la moda de muchos estudiosos es interpretar la realidad mesoamericana a partir de los recursos superespecializados, útiles para analizar una sola forma de expresión, Doris Heyden reúne la información de las más diversas fuentes y trabaja con técnicas plurales. A contracorriente también, cuando la interpretación tiende a limitarse a un contexto espacio-temporal cerrado, Doris reconoce en las culturas mesoamericanas el carácter histórico de una tradición unitaria. Según Doris, si la cueva que subyace la Pirámide del Sol en Teotihuacan rememora con su planta lobulada las representaciones coloniales de Chicomóztoc, debe partirse de la hipótesis de que hay un núcleo común mesoamericano de creencias y representaciones que explican la similitud. Si la cueva de Teotihuacan conserva los vestigios de un ritual, hay que suponer que algunas luces darán a su interpretación los datos de los procesos coloniales de Yanhuitlán o las pautas rituales que a principios de este siglo XX seguían los graniceros de San Francisco Mazapan en las cuevas de la lluvia. Si se sospecha que bajo la Pirámide del Sol pudo haber prácticas oraculares, se puede buscar un paralelismo con la representación de la cueva sagrada de Chalcatzingo, según las interpretaciones que otros investigadores han hecho del conjunto de vírgulas gigantescas que aparecen en los relieves del sitio morelense. Sus recursos son múltiples; pero no por ello sus proyecciones son ingenuas o mecánicas. Parten del reconocimiento de una tradición religiosa que ha perdurado por milenios, variando, sin duda, en muchos aspectos superficiales, pero conservando, como toda tradición vigorosa, un profundo sentido unitario.
 
Doris Heyden conoce las tesis contrarias al comparativismo mesoamericano. Evalúa con respeto los postulados de Kubler, basados en los estudios que Panofsky hizo sobre el Mediterráneo, y los contradice con argumentos equilibrados y de peso, diciendo:
 
En Mesoamérica existió durante milenios una unidad cultural, sin grandes cambios al exterior, a diferencia de Europa, sobre todo en la región mediterránea, donde grandes movimientos de distintos pueblos y desde épocas muy antiguas introdujeron nuevas ideas y nuevos símbolos.
 
y más adelante agrega:
 
No cabe duda que el uso indiscriminado de los datos del siglo XVI o de la etnografía moderna para interpretar las culturas más antiguas puede ser peligroso; sin embargo, repito que en Mesoamérica la continuidad cultural se ve claramente en algunas costumbres e ideas del indígena actual, que son parecidas a las de hace siglos.
En Mesoamérica hay ideas y mitos que se han mantenido vivos durante muchos siglos por medio de la tradición oral. Por ejemplo, hoy día entre algunos grupos indígenas se oyen mitos que son casi iguales en contenido a aquellos que los informantes de Sahagún contaban en el siglo XVI… Si estos mitos se han mantenido vivos durante 500 años, desde la Conquista hasta ahora, es razonable pensar que las tradiciones de Tenochtitlan pueden haber sido semejantes a las de otro pueblo que existiera medio milenio o más antes.
 
El planteamiento de Doris es congruente con sus hipótesis interpretativas. Su camino en el ámbito mesoamericano es el que seguiría cualquier estudioso de la religión cristiana al buscar el valor de la cruz, de la corona de espinas, del pez, del pelícano o de la oveja a lo largo de los siglos de nuestra era.
 
* Texto leído en el homenaje a Doris Heyden, el 9 de noviembre de 1995, en el Museo del Templo Mayor, México, D.F.
Parte del texto presentado en el homenaje a DORIS HEYDEN el 9 de noviembre de 1995. Para más información consultar la página electrónica de la Coordinación Nacional de Antropología: http://www.antropologia.inah.gob.mx