LA FESTIVIDAD DEL 3 DE MAYO EN EL CERRITO DE SANTA CRUZ TEPEXPAN.

Mtra. Maria Isabel Isabel Hernández González

 

Un paisaje ritual otomiano.

 

El Cerro de Santa Cruz Tepexpan, en cuya cima se encuentra el Santuario del Señor del Cerrito; se localiza en el Valle de Ixtlahuaca, prolongación del Valle de Toluca, entre los límites de los municipios de Jiquipilco (municipio al cual pertenece) y el de Ixtlahuaca, en el Estado de México.

Este cerro está en la zona de frontera de dos etnias: la de los mazahuas de Ixtlahuaca y la de los otomíes de Jiquipilco. Es el Santuario más visitado, después del Santuario del Señor de Chalma, en la región del Valle de Toluca.

Con 2900 msm es un lugar de culto otomíano; que albergó, desde época prehispánica, un culto a una pareja de deidades del agua y de la fertilidad. Con la evangelización, el culto fue cambiado por un cristo llamado por los misioneros “El Señor de la Exaltación”; nombre poco conocido por los campesinos de la zona, los cuales, generalmente lo conocen como, “El Señor del Cerrito” o bien como “El Señor de las Aguas”. El culto a la deidad femenina fue cambiado por el de Santa Teresa de Jesús, cuya festividad se realiza el 15 de octubre;  la cual resulta ser secundaria en relación con la del 3 mayo; en honor al cristo.

El carácter agrícola del culto al Señor del Cerrito y de Santa Teresa de Jesús, no sólo queda claro al ser llamado el cristo “El Señor de las Aguas” sino además, dice Barrientos:

“La fiesta de la Santa Cruz el 3 de mayo, se relaciona con la petición de lluvias y el fin de la temporada de secas; la de la Ascensión de la virgen el 15 de agosto y la de la Exaltación del Señor o de la Cruz el 14 de septiembre con el ciclo del crecimiento de la planta, y la fiesta de Santa Teresa el 15 de octubre con el fin de la temporada de lluvias” (Barrientos; 2004: 355)

En el mes de marzo, antes de la siembra del maíz, se da en el Cerrito una celebración importante dentro del ciclo agrícola que tiene que ver con la petición del buen temporal.

El primer domingo de marzo, se realiza una misa en el lugar conocido como el “puerto”; donde esta colocada la segunda cruz del camino que desde Santa Cruz Tepexpan sube al Santuario del Señor del Cerrito. Este lugar, es una explanada en donde además, los comerciantes de la región instalan sus puestos de venta de sombreros, alimentos, imágenes religiosas y otros productos durante los días de fiesta, fundamentalmente el 3 de mayo; la fiesta principal del Cerrito y fecha del mayor volumen de peregrinos.

Para el año 2001; esta misa tenía alrededor de 3 años de haberse iniciado, la cual congrega a muchos pueblos de los alrededores del Cerrito. La idea fue de un sacerdote que para aquella época oficiaba en la parroquia de Santa Cruz Tepexpan, al pie del Cerrito.

Las familias llevan comida, la que comparten después de celebrada la misa; ofrenciéndola a las personas aún sin conocerlas según las enseñanzas cristianas.

Barrientos señala que a la cima del cerrito suben peregrinos casi todos los días del año y que los peregrinos proceden de:

  1. “Los valles semifrios del Alto Lerma (valles de Toluca y de Ixtlahuaca –Atlacomulco)
  2. Las tierras frías de la Sierra de las Cruces.
  3. Los valles templados situados al oeste del valle de Toluca, Amanalco, Valle de Bravo, Ixtapan del Oro –que también comprende la región de Villa Victoria, Donato Guerra, hasta trascender la frontera y adentrarse en el estado de Michoacán, con los pueblos situados al este y noreste de Zitacuaro.
  4. La zona norte otomí que abarca pueblos como Chapa de Mota, Jilotepec, Temascalcingo y trasciende la frontera con el estado de Querétaro e Hidalgo, con pueblos del municipio de Amealco y de Tepeji del Río” (Barrientos; 2004:364)

El Cerrito de Tepexpan forma parte de un circuito de cerros sagrados, que va desde la Sierra de las Cruces hasta el Valle de Ixtlahuaca; todos ellos son sitios de culto. Desde época prehispánica constituye un paisaje ritual de carácter otomíano.

Como es sabido, los otomíes y mazahuas, vivían desde esos tiempos en zonas montañosas, las cuales recorrían con familiaridad rindiendo culto en cerros y cuevas a deidades de la naturaleza, de la a fertilidad y del agua. En estos montes, encontramos, en la actualidad, culto a cruces (varias de ella del Divino Rostro) y a deidades femeninas.

Forman parte de este paisaje ritual otomíano, el Hueyamelucan, cerro sagrado de San Jerónimo Acazulco, en el municipio de Ocoyoacac, el Cerro de la Campana en la comunidad de San Miguel Ameyalco, municipio de Lerma, el de Santa Cruz Ayotuxco en Huixquilucan, el Cerro de la Verónica en la zona de Huitzizilapan en Lerma y el Cerro de Santa Cruz Tepexpan, los cuales constituyen los centros rituales más importantes.

Laura Morales Jimenéz y Humberto González Limón, al hablar de la Verónica dicen que:

“Los mayordomos de la Capilla de la Exaltación de la Santa Cruz de San Francisco Xochicuauhtla Lerma cuantan la siguiente historia: los cerros de la Verónica, Santa Cruz Ayotuxco, la Campana y Santa Cruz Tepexpan, forman una cruz a cada uno corresponde un punto de la misma; siendo el “ombligo” de esa cruz, la Capilla de la Exaltación de la Santa Cruz, es decir, el axis mundo. Otra versión recogida por Cotoniento dice que la cruz la forman los cerros de La Campana, el de Hueyamelucan, la Tablita, la Verónica y el de Ayotuxco; forman los 4 puntos cardianles (Cotonieto 2002). Aunque no concuerda pues son cinco cerros los que menciona y cuatro los puntos cardinales” (Morales y González; 2001:6)

Cruz de la Finca de San Pedro. San Pedro Cholula Ocoyoacac 2008

Cruz de la Finca de San Pedro. San Pedro Cholula Ocoyoacac 2008

En San Jerónimo Acazulco cuentan que eran 4 señores; el de Hueyamelucan, el de Santa Cruz Ayotuxco, el de la Campana y el del Cerrito de Tepexpan. Los cuatro eran curanderos y se pusieron de acuerdo y dijeron: tu te quedas en este cerro para que veas a todos los enfermos de este lado, yo me voy a este otro lado, para ver a todos lo enfermos de esta región; tu te quedas en otro cerro y tu en otro; así se repartieron los pueblos y los enfermos de esta región. Todos son cruces del Divino Rostro y son hermanos (exceptuando el Cerrito donde esta una cruz del Señor de la Exaltación).

Podemos decir, que se trata de un paisaje ritual otomí exceptuando Santa Cruz Tepexpan donde asisten mazahuas y otomíes.

En el paisaje ritual territorializado como es el caso del que estamos hablando se da una relación sagrada entre los creyentes otomíanos y la naturaleza; destacando cerros, agua, cuevas y el cultivo del maíz; la cual proviene de la antigua tradición civilizatoria mesoamericana.

Broda habla de los paisajes rituales como creaciones humanas, donde se dan marcas que forman redes de lugares de culto, donde se realizan rituales. Los cerros como sitios de culto, asociados con relieves, petrograbados y templos esculpidos en rocas, como es el caso de la Cuenca de México. Todo ello, constituye un cosmograma o representación del cosmos propio de la cosmovisión mexica (Broda, 1996)

El paisaje es resultado de un proceso de modelación humana, producto de la acción humana que marca y realiza una integración entre la naturaleza y la sociedad a través de lo sagrado, lo anterior constituye el paisaje ritual; es decir la vinculación que los creyentes realizan entre la naturaleza y el cosmos.

Los paisajes rituales mesoamericanos tienen rumbos y tienen centro. Los centros los constituyen el templo mayor de ese pueblo o grupo étnico que construye el paisaje ritual (Broda, 1996). El centro es el punto conocido como ombligo o lugar de origen del pueblo que construye ese paisaje ritual.

El 3 de mayo en el Cerrito.

El día de la santa cruz, se celebra en las cumbres de los cerros sagrados de este paisaje ritual; siendo la fiesta más importante la celebrada en el Cerrito; por el número de peregrinos que llegan así como por los lugares de los cuales proceden; por lo mismo es la de mayor lucimiento.

Altar  del Señor del Cerrito en su  Santuario en el Cerro. Fiesta del 3 de mayo 2002

Altar del Señor del Cerrito en su Santuario en el Cerro. Fiesta del 3 de mayo 2002

En el 3 de mayo se llena de peregrinos el Santuario, lo mismo las faldas del cerro a lo largo del camino. Grupos de peregrinos sólo permanecen en le templo “para dar las mañanitas”, saludar al cristo y escuchar misa; retirándose después debido al exceso de peregrinos que constantemente van llegando a lo largo del día. Familias, y grupos de amigos y compadres así como peregrinaciones corporadas de las comunidades otomíanas; estas son las que cuentan con mayordomos responsables del grupo de fieles que los acompañan y llevan sus santas imágenes, estandartes y banderas, también se presentan en esta fecha grupos de danzantes como la danza otomí de arrieros de la región de Ocoyoacac, Huixquilucan y Lerma los cuales tienen como promesa bailar en honor del cristo en su santuario. Grupos de danza de arrieros también llegan de Santiago Tianguistenco y de otras comunidades de esa zona. Los arrieros suben con su ropa de danza para vestirse en el Santuario.

Las peregrinaciones corporadas mazahuas además de mayordomos, santas imágenes, banderas y estandartes; llegan con un grupo de pastoras con sus vestidos mazahuas y sus sombreros con listones de colores. Son sólo mujeres, pueden entrar al grupo desde los diez años y permanecer en él  hasta los sesenta o más, según el estado de salud que tengan y la “voluntad” de bailar para el Señor del Cerrito. Pueden ser solteras o casadas; se inscriben por promesa y deben cumplir de menos un año en el grupo. En la zona otomí de Ocoyoacac así como en otros municipios las pastoras sólo pueden ser solteras. Tienen su maestra que es “la que las ensaya para aprender el baile y el paso que se debe llevar con la música” las acompaña un grupo de músicos (guitarra y violín de menos). Anteriormente, se acostumbraba que las pastoras bailaran antes de subir al Santuario.

Grupo de pastoras mazahuas bailando para El Señor del Cerrito en la terraza o mirador del templo; bailan con un violín. Cada pastora lleva un bastón que golpea contra el piso en el baile. 3 de mayo 2002

Grupo de pastoras mazahuas bailando para El Señor del Cerrito en la terraza o mirador del templo; bailan con un violín. Cada pastora lleva un bastón que golpea contra el piso en el baile. 3 de mayo 2002

Camino al Santuario.

Existen varios caminos al Santuario, los cuales parten de las diferentes comunidades que se localizan al pie del cerro.

El camino que sube de Santa Cruz Tepexpan es el más transitado en la fiesta de la Santa Cruz.

Desde la tarde, del día dos de mayo van llegando peregrinaciones corporadas las cuales, suben con cobijas, y almohadas para pasar la noche en el Santuario; además de  trastes, comida, tortillas y masa, así como  otros objetos que requieran en su estancia la cual puede llegar a ser de tres o más días; ya que este tipo de peregrinaciones acostumbran nombrar nuevos mayordomos en el Santuario.

Prometen subir sus cosas como sacrificio; ya que es un esfuerzo que ofrecen al cristo. Tienen que llegar al Santuario porque es una promesa. Sin renegar de la subida o que se arrepientan. Si piensan que mejor ya no suben les sale el lobo que es como un perro y se los lleva, ya que prometen y luego se arrepienten; o bien les salen arañas, alacranes u hormigas y con las picaduras se vuelven locos: “la subida es la prueba que Dios les da; no hay que pensar nada; sólo subir y se llega hasta arriba”.

El 3 de mayo, en el camino se ven señoras cargando niños y si están crecidos los llevan de la mano. Algunos, sobre todo comerciantes, ocupan mulas, burros o caballos para subir la mercancía que venderán durante la fiesta.

En el santuario existe un cobertizo techado que sirve de  dormitorio a los peregrinos que pasan la noche para en la madrugada “darle las mañanitas al cristo”. Llegan mariachis y hay fuegos artificiales, luces y cohetones.

Algunos peregrinos duermen atrás del templo; como es época de secas hacen fogatas y en sus braceros preparan atole y café para soportar el frío de la noche. Los peregrinos de un mismo grupo “hacen ruedita” y los mayordomos se encargan de vigilar.

La fiesta comienza con las mañanitas al cristo a las 4:00 de la mañana; desde entonces los peregrinos ya no pueden dormir, ya que es momento de gran número de personas en el Santuario.

Un grupo destacado de peregrinos lo constituye el de los médicos tradicionales conocidos también como curanderos, los cuales suben en este día a felicitar al Señor del Cerrito y a celebra alguno de sus rituales de curación. Llegan desde temprano del día 3 o bien el día 2 en la noche ya que ellos mismos expresan que para hacer sus rituales de curación deben estar solos o sin mucha gente.

El 3 de mayo todo el día es de fiesta. En el Santuario, los grupo de peregrinos después de escuchar misa preparan comida para el desayuno y para comer durante el día (gordas de haba y de frijol, tortillas, quesadillas, sopes, mole y lo que lleven y de bebida atole y café). Durante el día observan las danzas y a los grupos de peregrinos que van llegando; además de recorrer los puestos de venta y comprar algo.

En la noche del 3 hay baile en el Santuario, suben músicos de banda de viento y hasta después de las 11:00 de la noche se duermen.

El día 4 de mayo, recogen sus cosas y los grupos de peregrinos van bajando y se encaminan a sus respectivas comunidades.

Bibliografía.

 

Barrera Bssols Narciso y Pedro S. Urquijo Torres. Seminario “Revisando el paisaje: un concepto y sus aplicaciones”. 9 al 12 de junio de 2009

Barrientos López Guadalupe. “El Cerrito de Tepexpan: sustentador de vida. Un Santuario indígena en el valle de Ixtlahuaca”. En Historia y Vida Ceremonial en las  comunidades mesoamericanas.; los ritos agrícolas. Johanna Broda y Catarinee Good E. (coordinadoras) etnografía de los pueblos indígenas de México (serie estudios monográficos) 2004 México. Pp. 351-172

Broda Johanna “Paisajes rituales del altiplano central” en Arqueología mexicana julio – agosto  de 1996 vol. 4 número 20 México pp. 40-49

Morales Jiménez Laura y González Limón Humberto. “El Cerro de la Verónica: Centro religioso otomí. En cuadernos de trabajo centro INAH Estado de México año 2 Numero 4, julio – diciembre 200 CONACULTA –INAH pp. 6-10.

Urquijo Torres Pedro S. y Barrera Bassols Narciso. Historia y paisaje “explorando un concepto geográfico monista” en Andamios vol. 5 numero, 10 Abril 2009 pp. 227-252.

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